No hay forma de pensar la Argentina actual por fuera de lo irracional. Es que hay más de una situación en la campaña electoral que desnuda a las fuerzas políticas en pugna.

Pero, como este parece ser el país del sinsentido, como si fuera el de Alicia, todo lo que aparenta ser absurdo se torna normal.

Se asume como tal, aunque a cada candidato, a cada propuesta, se le vean las costuras.

Sólo acá, un ministro de Economía puede ser candidato a pesar de romper todos los
récords de inflación. Nada más, otro postulante promete dolarizar, aunque el principal escollo es que falten dólares y sobren cepos. Nada más, nada menos. O que otra trate de llegar ilesa de las internas de su propio frente.

Con este grado de certeza, la semana que pasó fue un desquicio en el mercado cambiario y esta abre aún más interrogantes hacia el domingo.

Son los últimos días y nadie quiere pisar el palito porque lo que está en juego son cuatro años de poder.

Para los ciudadanos, hay mucho más que sopesar, tengan o no definido el voto. Se trata de entender cómo sobrevivir en el día a día con los precios, manteniendo un hogar o una empresa, con la mayor cordura posible en el país de las maravillas.