Pasan los años y los accidentes de tránsito fatales siguen despertando broncas difíciles de digerir. La semana pasada fueron una joven madre y un amigo los que perdieron la vida en el acto, luego de que un conductor desprevenido los arrollara mientras descansaban en una rotonda de Capital después de hacer ejercicios, y en los próximos días, seguramente, habrá otros hechos que lamentar. Una rueda que gira sin parar.
Hubo una marcha en la que familiares y amigos de las víctimas cuestionaron el accionar de la Justicia, que otorgó el beneficio de la detención domiciliaria al empresario que conducía el vehículo que impactó contra las víctimas, y dudas sobre el futuro de la instrucción y la responsabilidad del dueño del vehículo. Las críticas apuntan a que los conductores que causan tragedias de este tipo pasen muchos años en la cárcel, con la idea de generar conciencia al volante.
Pero eso no es una tarea tan sencilla, debido a que casi todos estos casos son calificados como homicidio culposo (sin intención y con penas de entre 3 y 6 años). La condena de 8 años y medio de encierro que recibió el médico José Paulos por homicidio con dolo eventual por chocar y matar a una joven que viajaba en taxi mientras conducía ebrio por el Acceso Sur parece escasa, pero no lo es en este contexto. Es un paso importante, porque el expediente llegó a debate con esa figura penal y no se modificó. Es por ahí donde hay que apuntar. Pero existe algo para tener en cuenta: sin una modificación a la ley, las penas para delitos fatales de tránsito continuarán siendo bajas.
