La reactivación de Potasio Río Colorado ha sido una buena noticia para Mendoza, en un desierto donde las novedades positivas no abundan y lo que sobran son espejismos.

Entre otras cosas, la puesta en marcha del yacimiento permitirá generar puestos de trabajo y, con la producción y venta al exterior, se generarán dólares para la Provincia.

Por ende, la discusión que se apresta a dar en la Legislatura tiene que ser a la altura de lo que exige un emprendimiento que pasó diez años oxidando su valiosa infraestructura hasta que se consiguieron los socios.

El debate tiene que darse, al menos, por los dos costados: por parte del oficialismo, con toda la información sobre la mesa –eso ha prometido el Ejecutivo– y, con respecto a la oposición, con el convencimiento de que el control no implica el celo obstructor que marca la política partidaria.

Por fortuna, el debate quedó por fuera de lo electoral, así que las posiciones demagógicas no tendrán lugar en la Legislatura.

Diez años perdidos no se recuperan de un día para el otro; por eso, la obligación institucional de realizar las cosas bien, con todos los papeles al día, permitirán esquivar nuevos atrasos en una provincia a la que le cuesta incentivar lo privado.