En el último año, principalmente en octubre y noviembre, Mendoza ha sido testigo de un aumento alarmante en la frecuencia e intensidad de los incendios.
Las condiciones climáticas, como el Zonda y la sequía, han potenciado la amenaza. Pero la cuestión apunta a los hechos intencionales. El riesgo que representa un siniestro de estas características cerca de la zona metropolitana parece importarles a algunos pocos. Y allí nace la preocupación de profesionales que trabajan para evitar estas catástrofes. Los sectores empresariales y también cientos de familias han padecido las consecuencias provocadas por gente inexperta en el manejo del fuego. Primero y ante todo, la conciencia pública juega un papel clave. La educación sobre la prevención y la importancia de la conservación de la flora y la fauna autóctona no es un tema menor.
La provincia tiene su base en el pedemonte. Una fogata no controlada por personas que descuidan el medioambiente que los rodea puede provocar pérdidas irreparables. Están las económicas. Pero también las naturales, ligadas al ambiente y a la vida humana. Los ciudadanos deben comprender que algunas acciones individuales pueden ser devastadoras. Por eso, un cambio de mentalidad, a pocos días de la llegada del verano, será bienvenido.
