El brutal atentado terrorista contra la revista de humor francesa Charlie Hebdo debe ser un fuerte y urgente llamado atención para los líderes mundiales, pero también para los referentes religiosos y los medios, con un sólo objetivo: que el mensaje de paz y libertad sea cada vez más claro y contundente. Es fundamental que pueda quedar en claro que la libertad de expresión no se puede teñir de sangre.
Es inadmisible, en todas sus formas, que una publicación que se dedica a criticar y satirizar se haya convertido en el blanco del fundamentalismo. Lo ocurrido en París es la representación más cobarde de la barbarie y merece el repudio de todos y la búsqueda incansable de los responsables.
