El caso del club Israelita Macabi y su decisión de retirarse de un torneo de básquet, tras una denuncia por antisemitismo, es apenas un caso.
Es el que nos toca de cerca como mendocinos; es el emergente de un mundo que parece haber retrocedido décadas y, en principio, dispuesto a iniciar una persecución por motivos raciales, ideológicos o religiosos, basándose en prejuicios y discursos de odio que parecían superados en esta parte de la historia.
La judeofobia es, tal vez, el antecedente de discriminación más antiguo de la historia, sostenido por una narrativa que ha causado persecuciones y muertes.
Es, además, una muestra clara de ignorancia y de un discurso cargado de resentimiento de un sector que busca negar hechos históricos para reescribirlos según su conveniencia y aprovechar una estrategia de cancelación hacia quienes piensan diferente.
El antisemitismo, por lo tanto, se alimenta del silencio social, de los que miran para otro lado para evitar discusiones; de la cobardía de quienes deciden no gritar y poner límites en el momento exacto.
