Cuando un problema persiste con el tiempo, es preciso buscar soluciones alternativas. La pandemia sigue exigiendo a cada gobierno y a los ciudadanos al punto tal de que, ante un túnel al que no se le encuentra salida, lo que prima es el descuido y el cansancio. Y como ocurre con otras situaciones donde la Nación tiene que dar una respuesta, las ideas que aparecen para aplanar la curva de contagios siguen siendo las que predominan desde hace un año.
Con una economía agotada, hace falta una gestión inteligente de lo sanitario. Pero de alguna forma el Gobierno parece estar abandonado a adoptar los mismos caminos que guiaron la estrategia en 2020, con alguna sutil diferencia. La experiencia recogida no ha servido. El cierre total de la actividad provocará un daño mayor que el virus y con el riesgo de que se prolongue por años. Tanto en lo social como en lo económico.
No se puede ceder en la lucha contra la pandemia. La Nación tiene que recuperar la iniciativa en materia de vacunas con los laboratorios y otros países productores. Lo que está ocurriendo en otras economías es bastante gráfico. Los países que ya están volviendo a recuperar su actividad normal consiguieron lograrlo porque decidieron avanzar fuertemente en la inmunización de sus sociedades. No hay fórmulas mágicas.
