La progresiva y sorprendente transformación de la Avenida Arístides Villanueva, que pasó de la tranquilidad vecinal a un polo de la noche joven mendocina debe ser destacada y valorada. Sin embargo, merecía un freno en pos de la convivencia de todos los que habitan la zona, aunque, sin dudas, se trata de una decisión que llega tarde.
El desarrollo comercial de este espacio predilecto de mendocinos y visitantes superó las expectativas pero también la paciencia de quienes deben hacer su vida en medio de la música, el bullicio y el caos, escenario propio de un lugar no residencial. Se trata de un reclamo de años que por diversas situaciones políticas no se atendió, incluso hasta se pensó en ser más permisivos.
De ahí la necesidad de que los empresarios y dueños de los locales que fueron mutando en bailables entiendan que debe primar el sentido común y adaptarse, de ahora en más, a las normas establecidas.
Queda claro que con el nuevo gobierno comunal, luego del magro resultado político en los últimos comicios y de la muerte de Víctor Fayad, los ojos ya están puestos en las elecciones del año próximo, y la opinión de los vecinos, ciertamente, toma más fuerza.
