La presidenta se despidió ayer de las aperturas legislativas anuales. Fue su último discurso y no hubo cambios con los anteriores. Como viene sucediendo, fue muy elogiosa con toda la gestión y no hubo palabras críticas a su propio gobierno. Sin dudas, en la última década, todos los indicadores sociales y laborales mejoraron sustancialmente con un real impacto en la población. La presidenta insistió en estos aspectos pero nada dijo sobre los aumentos de precios y un poder adquisitivo que se desvanece.

Tampoco mencionó la problemática creciente y compleja de la inseguridad, sobre todo, vinculada al narcotráfico. La restitución y ampliación de derechos merece ser destacada y potenciada por el próximo gobierno, pero, de una vez por todas, debe existir más diálogo, debate y análisis para hacer una construcción más integral de la Nación, por el bien de todos.