Por lo general, se sostiene que la actividad pública debe ser bien rentada. Se entiende que aquel que está prestando un servicio para mejorar el estilo de vida de toda la sociedad debe tener una remuneración acorde con su responsabilidad. Por lo tanto, no debería existir demasiado cuestionamiento a las dietas de los funcionarios mendocinos. Pero… 

La situación de la provincia no es, precisamente, de privilegio por encima de las otras de las región. No se ha podido reconvertir la matriz productiva, las discusiones parlamentarias son pobres; salvo excepciones, jueces y fiscales no suelen ser muy adeptos al trabajo y, por lo general, las causas muestran esa falta de vocación y preocupación; y desde el Poder Ejecutivo el mensaje es siempre el mismo: no hay dinero pero, a diario, aparecen personajes que perciben sueldos importantes a cambio de tareas insignificantes y conchabos políticos.

De ahí la reacción cuando se conoce la noticia del aumento de más de 30 por ciento, porque va más allá del porcentaje. La historia pasa por las cifras que están divorciadas del promedio de la sociedad. Y si encima no se ven resultados, el malestar crece.