Un fenómeno preocupante. Demanda atención y parece no tener respuestas al corto plazo. Se trata de las agresiones entre menores. Los casos de comportamiento violento extremo entre chicos que entran en adolescencia genera inquietud en padres, educadores y la comunidad en general que, a la luz de los resultados, poco puede hacer más allá de denunciar los hechos.
Un chico de 18 años fue atacado por un menor con un cuchillo luego de un evento escolar en Este provincial. Su vida está en riesgo. Recibió diez puntazos frente a su novia.
Problemas entre conocidos y hasta denuncias por robo previas. La respuesta fue una embestida con el uso de arma blanca.
Estos hechos exigen una reflexión para conocer las raíces de un adolescente que puede transformarse en potencial homicida. Es esencial comprender que estos casos no son acontecimientos aislados, están relacionados a factores que tienen su base en el hogar y crecen en los últimos meses del año.
La viralización de videos de peleas entre estudiantes son cada vez más frecuentes. Las familias tienen que dar una respuesta. Fomentar el diálogo como base. También el ámbito educativo, fortaleciendo reacciones para promover un ambiente sano, de compañerismo y amistad.
Si se detecta un problema, hay que atacarlo de inmediato en todas las áreas, otorgando las herramientas para un control más profundo con la ayuda de profesionales. De lo contrario, las consecuencias pueden ser trágicas.
