Se escuchan debates de temas diversos. Algunos –los menos– apuntan a cuestiones estratégicas para las próximas generaciones. Otros no salen nunca de la chatura de la discusión política local, que busca acomodar sus piezas pensando en las elecciones del año que viene.

En el medio de todo, la seguridad y la educación como dos asignaturas que siguen mostrando todas sus falencias.

Problemas docentes, edilicios y de programas, por un lado; crímenes, robos y crecimiento del narcotráfico, por el otro. Y, más allá de los discursos con tintes demagógicos que se escuchan a diario, todavía no apareció nadie que pueda vincular estas dos materias para mejorar la calidad de vida de todos.

La educación es el camino y, una vez que se logra, la seguridad llegará. De eso no hay dudas.