Luego de años de depender del visto bueno de la Nación, el justicialismo mendocino decidió romper con ese lazo y comenzar a construir su propio destino. Está claro que la decisión tuvo que ver con internas partidarias, que marcaron diferencias con el kirchnerismo que hasta el momento habían sido disimuladas.
Quizá sea un mensaje para que no vuelva a ocurrir, para que los asuntos de los mendocinos sean discutidos y solucionados por los mendocinos, sin la necesidad de tener que rendir pleitesías. Nadie más que los dirigentes de la provincia saben qué es lo que realmente Mendoza necesita.
Es una lección que vas más allá de un partido, tiene que servir para todos y comprender que es así como comienza a respetarse el federalismo que siempre se reclama.
