No hay frente en la actualidad que no arroje un problema o ponga en aprietos a la economía de Argentina. A la cuestión irresuelta de los precios, se le sumó ahora la crisis de abastecimiento por el gasoil. La principal petrolera del país, YPF, que es la que establece las tarifas del mercado, aseguró que la demanda es similar a la registrada hace casi una década. Pero más allá de las explicaciones, lo que se necesitan son soluciones en un panorama internacional que nos está jugando en contra en más de un escenario.
La economía de un país necesita de la energía para movilizarse. El problema es que si ha sido por falta de planificación en el Gobierno, entonces este desabastecimiento ha terminado impactando en primer lugar en la cadena de logística, que se necesita para el transporte de carga. Y luego en los ciudadanos, el último eslabón. Todos preveían, hace unos 10 días al menos, el faltante. Pero las ideas no aparecieron sino hasta que los camiones pararon y los particulares iban a una y otra estación de servicio sin suerte y con el tanque en rojo.
Así como la pandemia nos agarró a los argentinos sin los hospitales adecuados, cada tormenta perfecta, ya sea una guerra en Europa o algun otro desencadenante internacional, nos muestra lo mal parados que estamos en materia de preveer situaciones que terminan volviéndose drásticas.
