Imagen ilustrativa.
Congreso de la Nación.

No hay peor momento que el presente para que el Congreso de la Nación discuta un proyecto en plena campaña electoral. Vamos a precisarlo: la circunstancia menos indicada es a semanas de las elecciones presidenciales, ya que recién ahora se intenta subsanar uno de los problemas más acuciantes para miles de argentinos. Hablamos de los alquileres y la fallida ley que se sancionó apenas tres años atrás. Todo se agravó, principalmente, por la inflación.

Hay una palabra muy en boga desde hace unos años que define esta falla cultural: procrastinación, o el hecho de demorar las cosas que debemos hacer, por lo que estas se van agravando.

Eso ha pasado con la reforma de la norma que regula los alquileres en el país.

A medida que la crisis inflacionaria se fue profundizando y, a pesar de los reclamos sociales, el Congreso miró para otro lado. Hoy, con el grado de enfrentamiento que existe al pulso de la campaña y los debates, resulta complicado prever qué norma pueda llegar a salir, porque los dos proyectos en pugna son totalmente contrapuestos: agua y aceite.

No hay síntesis posible por más que lo importante sea sancionar la mejor ley posible, aquella que convenza tanto a propietarios como a inquilinos. Difícil por los tiempos políticos de Argentina.