Las imágenes que dejó la semana pasada la incomprensible represión policial en La Plata durante el partido entre Gimnasia y Boca deben ser tomadas como advertencia para todas las fuerzas del país. El accionar salvaje y poco profesional con que se movieron los efectivos de la Policía Bonaerense se ha visto también en otras ocasiones en Mendoza.
Se trata de falta de preparación y profesionalismo para lidiar con ese tipo de multitudes. No existen puntos medios ni planificación estratégica para saber cómo actuar. Es de cero a cien, sin matices ni puntos medios.
Cualquiera que haya ido a presenciar un partido convocante en nuestra provincia lo sabe y lo ha padecido. Es la misma policía la que pone impedimentos para hacer accesos fluidos; la que provoca, encimando a la gente con los caballos y la que, lejos de calmar y gestionar a la muchedumbre, busca excusas para mostrar la fuerza ante quienes apenas son simpatizantes. Nada de esto ocurre con los barras. Al contrario, es frecuente ver cómo se arman operativos para encapsular y custodiar los micros llenos de hinchas violentos que van hacia una cancha, con un mensaje claro: cuidado, que viene la barra brava y hay que abrirle paso.
Es una lógica en un país que vive al revés, y Mendoza, lejos de ser la excepción, confirma la regla.
