El drama de los mendocinos que pierden la vida en los cauces de riego, ríos, diques o embalses debe ser tomado con mayor seriedad y compromiso para que no haya que lamentar más muertes. No se puede esperar más y es menester de las autoridades tomar cartas en el asunto y disponer de mayores controles en la época estival, justamente, en las zonas donde todos saben que se colma de comprovincianos y turistas, pero donde nadie se hace cargo. Por caso, la bajada del río Mendoza en Blanco Encalada es uno de los sitios que merecen mayor atención.
La llegada de cada verano en este concurrido lugar se transforma en la crónica de una muerte anunciada. Es inadmisible que se mantenga la ausencia del Estado ante estas situaciones límite. De más está decir que existe una gran cuota de imprudencia, pero el control oficial debe estar por encima de todo.
