Las pruebas PISA son el termómetro que permite saber cómo están parados los estudiantes argentinos en Lengua, Matemáticas y Ciencias. Es una foto que nos revela situaciones duras, pero a la vez resulta necesaria, porque sin el diagnóstico no podrían determinar las autoridades a cargo de las políticas educativas qué es lo que hay que mejorar, cómo hacerlo o, por el contrario, en qué estamos bien pero quizás hace falta reforzar. En síntesis, es una radiografía compleja e incómoda del sistema educativo argentino.
Los resultados, por supuesto, no han sido buenos para los chicos de 15 años que participaron en la muestra. Argentina quedó en el puesto 66 de 81 países que fueron parte de estas evaluaciones. Hay mucho por trabajar en las aulas para que puedan leer mejor y que, además, comprendan lo que leen. Mucho también por recuperar en materia de cálculos, ecuaciones y problemas, así como también respecto de ciencias.
La realidad indica que hoy no se cumple con los conocimientos básicos, pero esto no puede resultar desalentador. Es el piso que debe servir para elevar la vara. No se trata sólo de retenerlos en la escuela, sino de que también aprendan. Por supuesto, no es tarea solamente del maestro que se para frente al curso. Es también trabajo de quienes están a cargo de los gobiernos escolares dar presupuesto y oportunidades. Y de los papás, claramente, porque hace falta la voluntad para que se preocupen por seguir la educación de sus hijos.
