En los últimos años, una institución que tiró abajo su imagen fue el INDEC. Durante los años del kirchnerismo se pasó de la manipulación a la invisibilidad de los problemas, como si no difundir las estadísticas pudiera evadir la cuestión de la pobreza. La reconstrucción del organismo nacional llevó sus años y tuvo una prueba de fuego en el 2022 para demostrar si había recuperado la confianza con el censo. Tanto había cambiado la sociedad argentina en 12 años que había interrogantes para decodificar y darnos una nueva foto del país, más actualizada. Sin embargo, la producción posterior de los datos dejó más dudas sobre el operativo nacional. Los datos que debían publicarse en cierta fecha se demoraron más de lo previsto y recién se conocieron ocho meses después de la visita de los censistas a las viviendas. Esto, a pesar de que una gran cantidad de encuestas ya habían sido resueltas por internet. Las interrogantes permanecen: hay hasta sospechas presentadas en la Justicia sobre la manipulación de las cifras sobre el crecimiento poblacional en uno de los distritos electoralmente más importantes. A eso se agrega una diferencia entre los primeros números dados a conocer en mayo y los de ahora.

Incluso, son irrisorias las cifras de la indigencia y de las personas en situación de calle, que difieren de los datos locales. La crisis es de fiabilidad, pero también de confianza.