No importa el resultado: siempre habrá lugar para que ganadores y perdedores se acomoden a lo que mostraron las urnas. Esta vez, el ejemplo lo dieron Julio Cobos y Mauricio Macri –precandidatos a presidente–, el gobernador Francisco Pérez y el resto del kirchnerismo. Los primeros, subiéndose a un carro triunfal por lo ocurrido en la capital de Mendoza, donde la victoria del intendente radical, Rodolfo Suárez, era segura, más allá de la contundencia que mostró el porcentaje final.
Por su parte, Pérez, y parte del oficialismo, hicieron una lectura un tanto caprichosa de las PASO en Capital y San Carlos, con cuentas acomodadas a una realidad que le fue esquiva al peronismo. Fue, de algún modo, una suerte de consuelo frente a una derrota que estaba asegurada, y la mejor manera de amortiguar un golpe. En política, está claro, nunca nadie pierde. Será por eso que cuesta encontrar signos de autocrítica.
