Mendoza está obligada a buscar una solución superadora a los proyectos que pueda tener y que incluyan la cuenca del Colorado. De lo contrario, seguirá topándose de manera recurrente con el mismo obstáculo que, por caso, convirtió en letra muerta la que alguna vez fue considerada la obra del siglo.
Así como la idea de construir la presa de Portezuelo del Viento cayó en desgracia, lo mismo ocurrirá con cuantos planes surjan desde la provincia. En La Pampa, oponerse a Mendoza es una cuestión de Estado. Y mucho más: existe un relato oficialista que ha decidido desinformar y apostar por la propaganda, afectando datos históricos y geográficos.
La Pampa se ha convertido, por lo tanto, en una suerte de agujero negro para las intenciones mendocinas, aprovechando, además, una coyuntura política que le es favorable y mostrando cierto desprecio por decisiones institucionales.
Quizá, llegó el momento de mostrar otra actitud. Para eso hace falta un acuerdo político y un amor por el pago que pocos han demostrado hasta ahora. Lejos de establecer lineamientos en común, la política mendocina está reducida al chiquillaje; al detalle berreta, que sirva para intentar sacar una tajada electoral y disimular de ese modo la incapacidad para seducir o mostrar virtudes propias.
Es probable que sea esa mediocridad –y no la postura de La Pampa– la que no permite que la provincia despegue.
