El asesinato de un policía, cometido durante un operativo de delincuentes que fueron a rescatar a un preso del hospital, es un caso más que representativo de la evolución que ha tenido el crimen en nuestra provincia. Basta con escuchar a quienes se candidatean para algún cargo ejecutivo para entender que, primero, ninguno sabe de seguridad, y, segundo, tampoco tienen un asesoramiento que esté a la altura de un problema tan complejo.
La inseguridad y la violencia delictiva son de los pocos aspectos que crecieron en Mendoza en los últimos años. Es un llamado de atención para, de una vez por todas, ponerse a trabajar en serio y con decisión política. Hace mucho que esto no se hace.
