Alberto Fernández.

En medio de la desesperación por pegarse al triunfo histórico de la selección argentina, el Gobierno nacional tomó la decisión de decretar este martes como feriado nacional. ¿El argumento? Que la gente pueda disfrutar del retorno del plantel campeón del mundo y pueda ir a festejar con los jugadores.

Así, irrisorio como suena, la medida dictada a partir de un decreto de necesidad y
urgencia no le dio margen a las provincias para poder adherir o no. Y, en una sola maniobra, la Casa Rosada pisoteó el concepto de federalismo y dejó en claro que la temperatura política se mueve de manera exclusiva por lo que pasa en la Provincia de Buenos y en la Ciudad de Buenos Aires; concretamente, en lo que de conoce como AMBA (Área Metropolitana Buenos Aires).

En cuanto al concepto de la idea, es interesante cómo el Ejecutivo nacional ha utilizado términos que, por lo general, están fuera de su plataforma ideológica, como la revalorización de esfuerzo, la perserverancia y el compromiso. Es lo que encierra la idea de mérito.

Lejos de seguir esos valores, el feriado en todo el territorio argentino habla de una falta de planificación total. Tenía cierta lógica si se limitaba a la zonas que iba a transitar el micro que llevará a los campeones del mundo; en especial, para evitar trastornos y garantizar el operativo de seguridad.

El decreto no es más que una maniobra cargada de demagogia que, encima, genera perjuicios económicos. Una más y van…