Han pasado los cuatro años más agitados que han tenido los argentinos –que incluyeron una crisis global con la pandemia– y todo el país, particularmente los mendocinos, han vuelto a expresarse en las urnas.
En primer lugar, el mensaje apunta al malestar permanente con los problemas que el Gobierno nacional no puede resolver con la economía diaria, que complica la vida de millones en aspectos sensibles, como los alimentos. En segundo término, una respuesta en general a la clase dirigente más tradicional, con la emergencia de una nueva figura que condensa el enojo con los representantes, sin distinción partidaria. En la provincia, también se lidió con una cuestión no menor derivada de esa bronca y el desinterés por el acto democrático: una disminución de los votantes respecto de la asistencia alcanzada en el 2019. Todo para analizar y, más que nada, para no hacerse el desentendido. Todavía falta mucho para cerrar el calendario electoral, pero las alertas han saltado en un año fundamental, puesto que el 10 de diciembre vamos a conmemorar los 40 años de recuperación de una democracia que, sin dudas, plantea muchas deudas.
