Hace unos días, la presidenta Cristina Fernández ordenaba a su militancia ignorar los hechos aberrantes que ocurren en lugares remotos, tales las palabras usadas. Un mensaje de poca visión estratégica si se tiene en cuenta que atravesamos una época en la que todo nos involucra. El ejemplo más claro: el estupor que causa el video del piloto jordano quemado vivo por el Estado Islámico. 

Es imposible vivir sin considerar lo que ocurre en el mundo. Primero, porque nunca se sabe en qué forma la locura puede tocar nuestro territorio. Dos atentados del terrorismo islámico deberían servir como antecedente. Y, segundo, porque hacerlo implica falta de compromiso y ambigüedad ante la falta de definición para pararse claramente de un lado: o del terrorismo o del mundo civilizado.