A veces se menosprecia el alcance de las redes sociales. Será porque, en muchos casos, son utilizadas como medio de catarsis colectivo, donde la ironía, el humor y la discusión política conforman una suerte de selva en una realidad virtual. Por eso, cuesta separar los temas o seguir un hilo conductor. Sin embargo, cada tanto, se dan situaciones que cambian el panorama por completo. Entonces, ese mundo digital cobra otra dimensión, mucho más palpable. Ocurrió con el secuestro de Morena, la nena de 7 años que había desaparecido cerca de su casa y cuyo caso tuvo en vilo a toda la provincia. Más allá del final feliz y de las sospechas que recayeron sobre parte de su familia, las redes fueron fundamentales para la difusión de un hecho que, por su naturaleza, generaba alarma.
Ahí, el tono de las redes cambió por completo. Hubo menos chistes, menos sarcasmo y mucha solidaridad. Se hizo el ruido necesario para una circunstancia de esas características porque, según los especialistas, esa es la mejor manera de presionar a quienes intentan secuestrar a un menor.
Y, por estos días, las redes se convirtieron en medios para denunciar situaciones que, por lo general, están ocultas casi por presión social. Al menos, eso ocurría hasta hace algunos años. Se viven nuevos tiempos, y todos tienen al alcance herramientas para decir aquello que se había perdido en una espiral de silencio.
Dos casos de extrema violencia doméstica. Dos mujeres que se animaron a decir lo que estaba ocurriendo, para que todos se enteraran. Y uno de los casos tuvo una consecuencia inmediata: un hombre, acusado de ser golpeador y homofóbico tuvo que renunciar a su precandidatura para gobernador de Mendoza. Algo está cambiando en el modo de comunicarnos. Todos los días aparece algo nuevo, y si lo entendemos de esa manera, sabremos aprovechar lo que la tecnología nos regala.
