La carga emocional que tiene este Mundial para mí es fuertísima. Es una revancha, un sueño que en algún momento transitó por mi sangre.
Crecí en una familia en la que perdimos a nuestra mamá cuando éramos chiquitos y el deporte fue mi refugio. El fútbol me abrió las puertas a una vida hermosa. Sin el fútbol, quizás, hubiera estado perdido. A los seis años me quedé sin mamá y mi viejo camionero. Así, el fútbol es muy fuerte desde los inicios de mi vida.
Crecí en el club Godoy Cruz, dentro del colegio. Y ese sueño fue alimentando otro sueño que era el de jugar en la Selección y si bien jugué profesionalmente, no logré ese tan anhelado sueño que, por ejemplo, cantar el Himno con la camiseta argentina. Después dejé el fútbol, mi vida personal siguió, formé mi familia, elegí el periodismo porque también me gustaba y le puse todas las pilas y esta fue como una segunda oportunidad para estar dentro del estadio cantando el Himno en un Mundial.
Entonces, la vida me dio otra oportunidad desde otro lugar y me di cuenta que con el esfuerzo uno puede cumplir esos sueños. Tuve un sueño que se vio interrumpido, pero lo cumplo desde otro lugar.
El Mundial de 2014 lo escuché por radio, arriba de una grúa, donde trabajaba por esa época. Después de un par de mundiales me encuentro adentro de un estadio cubriendo lo que se vive en Qatar para los mendocinos y es muy fuerte. ¡Un suelo cumplido!
