“Kabalá, en su traducción del hebreo, quiere decir ‘legado, transmisión’. O sea: dentro de lo que es la Torá, que es el libro central de la unión entre D’os y el pueblo judío, y a través de eso también con el mundo. Existe una parte que está en texto, explícita, y otra parte que es un legado oral”.

El que habla es el rabino Yonah Kapeluschnik, de la comunidad Brit Abraham de Ciudad de Buenos Aires, e intenta explicar por qué frente a momentos clave, como una final del Mundial de Fútbol, nos aferramos a ciertas conductas o comportamientos que, en situaciones normales, carecerían de toda lógica.

Dentro de esa transmisión oral existe también una parte que se llama Los Secretos de la Creación. “Es decir: D’os también explica cómo hizo las cosas y no solamente nos dice qué es lo que hizo. Allí hay fórmulas sobre cómo uno podría hacer para modificar o crear el destino de algo o positivizar el destino. Y eso tiene una parte teórica y una parte de acción; algo que hay que hacer”, reflexiona.

A partir de ahí, algunas de las decisiones que tomamos empiezan a cobrar sentido. Creemos que estamos en condiciones o que tenemos la fórmula para modificar el destino y que nos seas favorable.

“Dentro del simbolismo de la Kabalá existen cosas que son más de severidad, que despiertan la severidad del juicio, y otras que lo apaciguan. También entran en escena los colores. Por ejemplo, el vino tiene que ver con la severidad. Y el agua con apaciguar, apagar. Entonces, cuando se hace el Kidush, que es santificar el día con vino, muchos le agregan aguar para apaciguar el vino”, explica Kapeluschnik.

Esa acción se convierte de Kabalá en Cábala: algo que para nosotros puede ser un concepto teórico y profundo, se vuelve también una acción para apaciguar el juicio severo.

“De esta raíz, también sale la costumbre de usar un hilo rojo, por ejemplo, o cosas por el estilo. Con el tiempo, hubo personas que vieron que otros hacían ciertas cosas religiosamente y se desprendió hacia lo popular”, agregó.

Ese fue el paso de lo teórico kabalístico a las cábalas personales. “Esto me funcionó para conseguir lo que quería o para lograr el éxito. De ahí, el folklore de hacer eso siempre, ya lejos de la idea de los secretos de la creación, pero con la creencia de que realmente se puede influenciar sobre algo”, destaca Kapeluschnik.

“Puedo sugerir que el partido no sea un momento que deje un gusto bueno o malo según el resultado, o que para las personas se conviertan en bestias. Que sea la oportunidad para poder compartir en familia y transmitir a los hijos la dignidad, ser positivo, no insultar ni agredir; saber que lo más importante es estar todos juntos. Es el mejor legado Kabalá que podemos dejar”, recomienda el rabino.