Foto: Gemini

Estocolmo 
Noviembre de 1911

Estimada Marie: como miembro del comité del Nobel en Estocolmo, le escribo para hacerle un pedido. Hemos estado hablando con Olof Hammarsten, miembro de la Real Academia Sueca de Ciencias, y ambos consideramos que no sería conveniente que usted venga a recibir su premio. Debemos hacer todo lo posible para evitar el escándalo. Le ruego que se quede en Francia; nadie puede calcular lo que podría pasar aquí… Si viene y este asunto sale a la luz, creará dificultades en la ceremonia y, particularmente, en el banquete. Sería muy desagradable y difícil para la realeza presente en la audiencia y no sé quién podría sentarse en la misma mesa con usted.

Espero que mande un telegrama… que diga que no quiere aceptar el premio antes de que en el juicio de Langevin se demuestre que las acusaciones en su contra no tienen fundamento.

Espero que entienda nuestro pedido. La saluda,
Svante Arrhenius.

Una carta, escrita más o menos en estos términos, recibió Marie Skłodowska, más conocida como Madame Curie, cuando debía ir Estocolmo a recibir el Premio Nobel, el segundo que ganaba. Se la envió uno de los miembros de comité Nobel. Marie era viuda desde hacía cinco años y había trascendido que mantenía una relación con otro científico, Paul Langevin, casado y algo menor que ella. Él estaba divorciándose, pero es a ella a la que acusan de generar escándalo y le piden renunciar al premio para evitarlo.

Marie respondió que el premio se lo habían dado por el descubrimiento del radio y el polonio y que no creía que hubiera ninguna conexión entre su trabajo científico y su vida privada. Afortunadamente no hubo ninguna clase de incidente y Marie recibió el merecido premio.

Hay una leyenda que dice que su imagen no aparecía en las fotos, debido a la radiación acumulada en su cuerpo durante sus investigaciones. Eso no es cierto, existen fotos de ella en distintos momentos de su vida, sin embargo, sus documentos se guardan en cajas forradas de plomo y sólo se pueden consultar con una ropa especial debido a la contaminación radiactiva. No era una mujer transparente en ese sentido, pero lo era en otro: nunca ocultó sus sentimientos, su manera de pensar y creer. Cuando descubrió un nuevo elemento para incluir en la tabla periódica lo llamó Polonio en honor a su tierra – había nacido en Polonia, se había ido a Francia para poder estudiar- y, cuando tuvo que plantarse para hacer valer sus derechos, también lo hizo. Una anécdota sobre ella cuenta que nunca usaba tacos altos, es más, se negaba a hacerlo, en cierta ocasión comentó: “Nunca me harás creer que las mujeres fueron hechas para caminar sobre zancos.” Era una chica de carácter.

¿Una mujer invisible? Tampoco, en 1903, cuando les otorgaron el Nobel en conjunto a Henri Becquerel, descubridor de la radiactividad espontánea y a Pierre Curie, por sus investigaciones sobre la radiación, no la habían nombrado a Marie. Su marido hizo saber a las autoridades de la Academia que no recibiría él el premio si no la incluían. Pierre sentía que había sido ella quien lideraba el proyecto realmente. Así se convirtió en la primera mujer en el mundo en recibir ese galardón.

Hace muchos años, en el programa Matrimonios y algo más, había un sketch que protagonizaba Mirta Busnelli. Aparecía frente a cámara haciendo un discurso encendido, feminismo radical para ese entonces. Se golpeaba el pecho tres veces y decía “¡Mujer, mujer, mujer, liberaté!”, y apuntaba con la mano hacia la audiencia, mientras se escuchaban las risas grabadas. Era gracioso porque a veces repetía la frase varias veces y retumbaba el golpeteo en el pecho, como una caja de resonancia. Después, el personaje llegaba a su casa y la esperaba el marido, Gianni Lunadei, que estaba limpiando y ocupándose de la casa y ella se quejaba de que no la esperara “arregladito y perfumado, después de todo un día fuera de casa”. Y las risas grabadas se volvían a escuchar. Era un matrimonio “al revés”. 

Parece que el matrimonio de Pierre y Marie era bastante atípico para esa época, fines del siglo XIX y primeros años del siglo XX. Marie no había querido elegir entre ser madre o científica. Desde el principio, en el matrimonio nadie había subordinado su trabajo o personalidad al otro. Aparentemente, fueron una pareja “igualitaria”. Esa estructura le permitió a Pierre gozar de momentos de felicidad cuidando a su hija mayor Irene- quien, con los años, también ganaría un Nobel- y establecer vínculos con ella que ningún hombre de esa generación solía tener con sus hijos.

Desde 1901, año que se instituyó el Premio Nobel, y hasta 2026, habiéndose entregado 1026 premios, entre personas y organizaciones, sólo 67 fueron a mujeres, el 6,5 % del total. Casi que no queda comentario para hacer, la conclusión queda flotando en el aire…