Una vez que tu voluntad se debilita, cuando estás cansado o estresado, hay muchas cosas que parecen más atractivas que el running, y esa fuerza de seguir adelante se debilita. Entonces, usá estos consejos.

Claves: cada hábito se compone de un grupo de claves, como el tiempo, lugar, música, compañía, recompensas como chocolate, batidos, masajes. Elegí las que más te gusten o te hagan sentir más cómodo, escribilo en una pizarra y colgalo donde puedas verlo todos los días. Probá una semana, y si no funciona cambia las claves de tu entrenamiento y las recompensas.

Continuidad: creá una rutina para que tu cuerpo y mente asocien ese momento al running, y repetilo cada vez que salgas a correr. Hacelo siempre a la misma hora del día. Tené preparada la ropa de entrenamiento siempre con anticipación encima. Cuando sea la hora, agarrá tu reproductor de música y salí a correr. Ahí estás creando conexiones neuronales que convierten la actividad en un hábito.

Recompensate rápido: dedicá un tiempo a hacer algo que disfrutes realmente, apenas terminás la carrera o entrenamiento. Podés tomar una ducha caliente, o incluso comer un trozo de chocolate. Esto hará que tu cerebro asocie el ejercicio con una recompensa positiva. 

Tené tu propio sistema de apoyo: configura tu rutina de running con actividades que te hagan sentir bien y te lleven a cumplirla día a día. Podés reunirte con amigos para correr y socializarte al mismo tiempo.