Semanalmente tengo la suerte de viajar desde San Martín a Mendoza. Digo la suerte porque vislumbrar la entrada a esta capital es algo muy grato ya que, sin dudas, es una de las más bellas del país y, consecuentemente, un orgullo para todos los habitantes de la provincia. No creo ser la única persona que piensa lo mismo.
Por esto pregunto a señor Armagnague y a todos los políticos que pisotean el bienestar común, pintarrajeando consignas en los puentes que pagamos todos: ¿Son o se hacen? Han dejado el puente que está entre el predio de la Virgen y el Cóndor hecho un verdadero asco. ¿En nombre de qué? ¿Con qué derecho? ¿Qué les hace suponer que alguien con dos dedos de frente va a votar por ellos si no tienen ni respetan conceptos como el de ciudadanía, comunidad y espacio público, o sea, democracia? Lo considero una verdadera falta de respeto, un atropello, una bravuconada de políticos arrogantes, con punteros parásitos que nos recuerdan las imágenes de un pasado al que, como país, no merecemos volver.
