Ese espacio abandonado y símbolo de una Argentina que tal vez jamás imaginó el desmantelamiento que sufriría durante la década del 90 comenzó a tomar forma, a recobrar vida. La presentación de la maqueta del estadio cubierto en Guaymallén es la visualización de un ansiado anhelo para nosotros, vecinos del departamento, y para todos los habitantes de Mendoza.

   La construcción de un estadio de semejante magnitud, equipado para eventos internacionales, con espacios culturales y educativos, significa no sólo el mejoramiento de la seguridad y la revalorización comercial e inmobiliaria de la zona. También, si observamos el alto incremento de visitantes del resto del país y de todas las latitudes de la provincia, este proyecto arquitectónico y urbanístico ofrecerá un aporte a la industria turística.

   Como vecina, movilizada por el entusiasmo, no puedo dejar de imaginar el proyecto finalizado. Mucha gente entrada en años relata con tristeza el ocaso del ferrocarril, la pérdida de miles de puestos de trabajo en todo el país y la incomunicación de los lugares más remotos del mapa. Sé que en el lugar también funcionará un museo ferroviario con piezas y elementos que darán cuenta de una historia rica y aún cercana que conviene no olvidar.

   Seguramente queda mucho por recuperar pero gracias a proyectos como este, encarados por la comuna de Guaymallén, esa melancolía por un pasado dorado comienza, también, a cederle espacio a un futuro con esperanza.