Normalmente, el hábito de fumar aparece con la ansiedad, los nervios y el estrés. Dejar el cigarrillo es un difícil desafío más aún porque la persona recurre a otros métodos para combatir las situaciones que la llevaron a la nicotina en primer lugar. Muchos, no eligen sino que recurren a la comida, empujados por lo que deben atravesar día a día.
Algunos estudios afirman que la ansiedad no es la única culpable de este aumento: al parecer, el tabaco eleva de forma ficticia el nivel de azúcar en sangre y, al dejarlo, el cuerpo exige consumir azúcares para restaurar ese equilibrio.
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