¿Tenes atención plena cuando comes, lo haces saboreando y degustando cada bocado? ¿O comes demasiadas veces de una forma mecánica e impulsiva?
Estas son preguntas claves para comenzar a evaluar cuál es tu comportamiento frente al “momento de comer”. “Cuántas veces comemos porque estamos cansados, porque no sabemos qué hacer y decidimos ir a ver qué hay en la nevera, porque estamos nerviosos o porque es la hora de comer y aunque no tenemos hambre nos atiborramos”, afirma la nutricionista española Verónica Chazón.
El Mindfulness es trata de una práctica budista, con más de 2.500 años de antigüedad, que cada vez está tomando más fuerza en occidente. En la actualidad las aplicaciones de este concepto se extienden a casi todos los campos, como por ejemplo al de la educación, de la empresa o de la salud.
Beneficios del Mindfulness
Numerosos estudios científicos han demostrado que un estado de atención consciente no solo ayuda a reducir el estrés o la ansiedad, sino que también contribuye a mejorar la creatividad, aumentar la resistencia emocional y a disfrutar más de lo que se hace.
Como el resto de capacidades del ser humano, la atención también se puede entrenar aunque los resultados son progresivos. Entonces, tomando esta premisa surge la pregunta:¿Cómo comemos?
¿Despacio? ¿Tranquila? ¿Siempre en un mismo sitio? ¿Con horarios? ¿Viendo la tele o delante de la compu?
Por lo general y dado el ritmo de vida actual, no se suele reparar en la forma de comer, “que es lo que va a marcar los hábitos y la clave para ayudarnos a mantener el peso a largo plazo sin recuperarlo en cuanto dejemos la dieta”, enfatiza Chazón.
Así, nuestra forma de comer también es determinante para llevar una alimentación sana y con consciencia.
Y ahora te preguntarás: “¿cómo puede ayudarme el mindfulness a comer mejor?”. Si eres como la mayoría de los mortales, seguro que más de una vez habrás empezado una dieta y la has acabado dejando a los pocos días o semanas. Es muy normal. Empezamos con ilusión y buenas intenciones pero no lo conseguimos mantener en el tiempo, lo que nos acaba haciendo sentirnos culpables.
Por otro lado, pasamos mucho tiempo pensando sobre lo que comemos, dudando sobre si es adecuado, si hacemos el suficiente ejercicio, etc. pero ni siquiera nos centramos en disfrutar de la comida.
“El Mindfulness es una terapia que te ayudará a calmar la mente y ser conscientes de todo lo que hacemos en cada momento”.
La práctica del mindfulness integrada en la alimentación empieza por saborear de forma consciente los alimentos. De este modo se va interiorizando la plena consciencia del presente, que nos acabará ayudando a comprender el por qué de nuestras acciones y, consecuentemente, a cambiar nuestro comportamiento para deshacernos del malestar.
La importancia de la respiración
Del mismo modo que en el deporte, una correcta respiración es fundamental para llevar a cabo el mindfulness e integrarlo en tu vida. Aunque no es fácil y existen muchas formas de respiración, puedes empezar con la más sencilla, intentando acompasarla prestándole atención. Los primeros días te ayudará si buscas un lugar tranquilo, sin ruidos que puedan desconcentrarte.
Cómo aplicar el mindfulness en la alimentación
Antes de meterte de lleno en el mindfulness es importante que sepas que al principio no será un camino de rosas. Piensa que la alimentación consciente es como una maratón: larga y dura. Por este motivo deberás ir avanzando poco a poco, aprendiendo paso a paso hasta que domines la práctica.
1. Para empezar a aplicar el mindfulness, lo primero que debes hacer es comer como una experta crítica gastronómica: huele, toca y saborea cada bocado que lleves a tu boca, y date las gracias por ello. Por supuesto, como buena crítica debes comer sentada a la mesa. Se acabó eso de comer en la oficina delante de la computadora, caminando o de pie en la cocina.
2. Otro factor indispensable para comer conscientemente es evitar hacer más cosas mientras comes, como ver la tele, leer, hacer la lista de la compra, hablar por teléfono, etc. No te preocupes si los primeros días te sientes rara o tienes la sensación de que te falta algo. Es totalmente normal.
3. Antes de empezar a comer, respira profundamente. Este acto tan sencillo te ayudará a centrarte en el momento presente.
4. Trata de evitar a toda costa las ingestas emocionales. Nada de comer con ansiedad y sin freno. Para ello, puntúa del 1 al 10 tu sensación real de hambre y céntrate en ello.
5. Deja el tenedor en la mesa mientras masticas. De este modo comerás más lento, lo que ayudará a centrar tu atención.
6. Para evitar atracones, intenta comer con tu mano no dominante y prioriza la ingesta de fibras, que, al regular los niveles de azúcar en sangre, evitarán las tentaciones.
7. No te tortures si tenes un antojo. Según los expertos, el hecho de ignorarlos los hace más fuertes. Simplemente reconócelo y actúa de forma reflexiva. Pregúntate si es un hábito o un deseo puntual, y si existe una alternativa más saludable que pueda compensarlo.
8. Aunque parezca una cosa de niños, deja tu comida favorita para el final. Nuestra memoria retiene el último bocado como el mejor, por lo que será menos probable que quieras comer algo más después si tenes un recuerdo fuerte de cuánto disfrutaste el final de la comida.
9. Cocina con atención e intenta disfrutar el momento. Para ello, céntrate mentalmente en el proceso, huele la comida mientras se cocina, medita. Si podes, deja preparada las comidas el día anterior.
10. A la hora de elegir los alimentos, centrate primero en los que te nutren y evitarás comer calorías vacías. Para ayudarte a hacerlo, coloca la comida saludable donde puedas verla y esconde lo que menos te interese comer.
¡No te lo pienses y opta por el mindfulness para cuidar tu alimentación!
