Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.
La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y no soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.
El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar… ”
Ante la Ley – Franz Kafka
A muchas personas, el acceso a la ley o a la justicia puede resultarles como al campesino de la historia de Franz Kafka: guardianes poderosos, abrigos de piel, narices grandes y aguileñas, procesos infinitos, lugares sin salida, problemas sin solución.
Sí, estoy de acuerdo, las leyes son de lectura complicada y parecería que los abogados, quienes tienen en su poder el monopolio del acceso a la justicia, hablaran en otro idioma. Puede ser que tengan razón.
Creo que uno de los principales problemas al que se enfrentan las personas para entender derecho puede resumirse en una palabra: desorden. Las normas están. Pero, si las encuentran claras y ordenadas en algún lado, ¿me avisan?
Hay tanto y se dice tanto sobre determinados temas que empezamos a marearnos: “…Entonces si vivo con mi novio hace 20 años pero no me casé, ¿no tengo derecho a nada? ¿No me puedo quedar con la casa si nos separamos?”, “Teníamos una sociedad con mi mejor amiga y nos peleamos, ¿ahora que hacemos?”, “Me separé, ¿cómo hago para mi que marido me pase plata todos los meses?”, “No puedo tener hijos, ¿puedo adoptar? ¿Cuánto demora el trámite? ¿A dónde tengo que ir?”
En este espacio, es mi intención ayudarlas a que sepan leer “la letra chica” de los contratos de sus vidas, para que vean el cartel de EXIT en luz verde y luminosa cuando se encuentren con problemas legales, y sepan con qué alternativas cuentan antes de entrar en acción.
Si se están preguntando si este blog puede reemplazar esas agotadoras reuniones con sus abogados, les tengo una mala noticia: definitivamente no, ¡van a tener que ir igual!
Las leyes cambian constantemente y, en el Derecho de familia, cada situación se trata de manera distinta. En otras ramas del Derecho, las soluciones podrían ser más uniformes y más mecánicas, pero cuando hablamos de familias, de hijos, de ex parejas y demás, hay que tratar cada caso en particular.
Acá vamos a charlar como entre amigas. Vamos a ordenar un poco las ideas y los mitos que se generan sobre algunas cuestiones legales, que pueden prestarse a confusión.
Voy a contarles qué derechos tenemos las mujeres y qué cosas no podemos dejar de reclamar.
Sean bienvenidas a leer estas páginas. Las invito a que me acompañen en esta búsqueda de ordenar y esclarecer la normativa existente en nuestro país. Las invito a que pregunten, consulten, cuenten, propongan temas, cuestionen, debatan, critiquen.
Sólo estando informadas vamos a poder dejar de sentirnos débiles ante la ley. A diferencia del campesino de Kafka, hagamos la prueba de entrar.
