La góndola de los accesibles es la razón de ser del vino argentino. Ahí es donde, a codazos limpios, las marcas se pelean cada consumidor con uñas, dientes y con lo único que tienen para ofrecer: vinos ricos que le saquen una cabeza de ventaja al vecino en materia de calidad y precio. El problema, es que los campeones de cada año pueden estar tapados o no ser muy conocidos.
Pero a no desesperar. Esos datos no son inhallables. De hecho, como estoy en pleno proceso de cata para la nueva edición de la Guía Austral–con el equipo llevamos ya unas 600 botellas probadas- les paso algunas de las perlitas que encontré catando a ciegas. Vinos que se plantan con sobrada categoría al lado de otros ejemplares más caros y que devuelven en sabor cada peso invertido.
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