En la nota de hoy abordamos un tema que viene in crescendo estos últimos años y que pensaremos desde el lugar de las mujeres dentro de la pareja. Como bien sabemos, la elección de ser padres no es una decisión para nada sencilla y de allí surgen diversas complicaciones.
¿Qué sucede cuándo en una pareja, es solo una de las partes la que desea ser padre y la otra no? Y más precisamente, ¿cuándo es la mujer la que busca la llegada de un hijo?
¡Comencemos!
Te propongo un ejercicio mental muy simple y cortito: Pensá por unos segundos en alguna pareja que conozcas o quizás seas vos, que se encuentra en un conflicto dado que él no quiere tener hijos. Seguramente alguna puedas evocar en tu memoria.
Es importante en primer lugar que comprendamos que en todas las relaciones afectivas, en este caso de pareja, existen acuerdos implícitos, serían pactos inconscientes que vamos estableciendo con nuestra pareja y son los que van determinando y pautando nuestra relación. Sucede que cuando uno de los dos, en este caso la mujer, comienza a desear la llegada de un hijo y el otro no lo siente así, surge el conflicto y estos acuerdos, que tal vez nada querías saber o repensar, salen a la luz y es hora de ponerse a reflexionar y dialogar.
La situación es muy sensible y delicada, y por sobre todo, altamente dolorosa para aquellas que la transitan. Por un lado, porque vislumbran la probabilidad de no poder concretar un deseo personal trascendente, pero a la vez, tienen temor a la posibilidad de perder a su pareja amada.
Resulta imposible generalizar las causas o motivos que pueden llevar a que tu pareja no desee tener hijos.
Algunas de las más frecuentes son:
Él ya tuvo la experiencia de ser padre en alguna relación anterior y por esta razón tener otro hijo no forma parte de sus proyectos personales actuales.
Aparecen otros casos en los que no se sienten preparados o lo suficientemente maduros para ejercer el rol paterno. Tener un hijo implica un compromiso de por vida, asumir responsabilidades, obligaciones y ceder una parte de nuestras vidas.
Existen otras situaciones en las que consideran la llegada de un bebé como la imposibilidad de continuar realizándose ya sea en lo profesional, laboral, personal, etc. Tener un hijo vendría a ser un obstáculo en la concreción sus metas y sueños personales.
Vamos un poquito más allá…¿instinto o deseo?
Para que comprendas un poquito más partamos de la base de que los seres humanos no estamos determinados ni regidos por los instintos o procesos orgánicos, esto es justamente lo que nos permite diferenciarnos de los animales.
Cuando nacemos requerimos siempre de los cuidados de alguien más, el bebé recién nacido, indefenso, necesitará de otra persona que lo alimente, cuide, de sostén y protección. A través de estos cuidados y atención vamos introduciéndonos a la vida y el mundo del lenguaje, es por ello que somos seres sociales, posibilitados por alguien. En este proceso vamos revelando quienes somos, constituyendo nuestra subjetividad e identidad.
Como hablamos de deseo y no de instinto, la elección o no de tener un hijo, justamente es un deseo que procede de la posición subjetiva de cada sujeto, es decir, de cómo puedas percibir la vida, el mundo y posicionarte en él. Tiene que ver con la estructuración psíquica de cada uno de nosotros.
Por lo cual las “ganas”, deseo, que tenga cada mujer u hombre de ser mamá o papá dependerán de su deseo inconsciente, su fantasía, su subjetividad y su experiencia personal. Sucede que para algunas personas el deseo de tener o no un hijo puede estar claramente identificado y en otros casos no.
Ser padres
Entendemos entonces que la decisión de ser padres tiene que ver con una elección, como así también el lugar que venga a ocupar ese hijo en la vida de sus padres. Esta elección es personal e individual y está en relación al deseo inconsciente de la persona, relacionado además con la propia experiencia de cada uno, es decir, lo vivido como hijo/a, la vinculación con sus padres, normas, anhelos, mitos familiares, ideales, limites, expectativas, etc.
Podemos pensar ciertas situaciones, como algunas en las que los hijos vienen a colmar o llenar un vacío en la persona o la pareja, en otras la llegada de un bebé hace sentir a la persona necesitada y amada satisfaciendo su anhelo de amor o bien pueden constituir un proyecto de vida, de familia, entre otras situaciones.
El ser padres no queda entonces reducido a un proceso exclusivamente biológico, sino que implica una función estructurada y atravesada por lo cultural. Hoy en día es importante mencionar que la función materna y paterna se han visto modificadas, dados los cambios socio-culturales que han venido dándose a lo largo de estos últimos años. La mujer que antes se dedicaba exclusivamente al cuidado de la casa y los hijos, a pasado a formar parte activa del mundo laboral y profesional, y el hombre antes considerado como el proveedor ahora también es cuidador y participa activamente de la crianza de los hijos.
Todos estos fenómenos y cambios van influyendo entonces en las formas de entender, definir y conceptualizar la paternidad, de allí la complejidad de dicha temática.
Entonces, ¿termino la relación o cedo ante mi deseo? Resaltamos una vez más la importancia de que abras la posibilidad de una instancia de diálogo con tu pareja. Que puedan despejar posibles miedos, fantasías en torno a la paternidad.
¿Qué es y qué implica para él ser papá? ¿Cuáles han sido sus experiencias? Es importante además no sostener la ilusión de creer que “milagrosamente” él puede cambiar de opinión, esto te generará más frustración.
Y por tu parte será necesario que te replantees el ceder ante un deseo personal o poner en valor la relación amorosa, comprendiendo que como vimos anteriormente, hablamos de deseos personales, por lo cual debemos respetarlos.
Finalmente comprender que ser madre no es una regla irrompible, ni es necesario para que te sientas realizada como mujer, sino que depende de cada una, de donde decidamos colocar nuestro deseo. Hay quienes elegirán proyectar la llegada de un bebé en pareja, como producto de su amor y quienes elegirán vivir su relación de a dos, compartiendo otros sueños y metas.
Lo importante aquí es que cualquiera sea la decisión, sea una decisión de mutuo acuerdo, construida desde un vínculo sano, en donde coexista el amor propio, es decir hacia un mismo y el amor hacia el otro.
Si tenés alguna sugerencia, podés escribirme al mail [email protected] ¡Hasta la próxima!
Lic. Yésica Vilches
Psicóloga
Mat. 2943
