Las pulgas y las garrapatas dejaron de ser un problema asociado únicamente al verano. Estos ectoparásitos mantienen actividad durante todo el año, impulsados por el aumento de las temperaturas y por un cambio en la forma en que perros y gatos conviven con las personas.

La médica veterinaria María Noelia Guevara, matrícula 480, explica que históricamente la mayor presencia se registraba entre septiembre y octubre, cuando el calor favorecía la salida de los insectos de los huevos y el inicio de su reproducción. Sin embargo, ese escenario se modificó. “El cambio climático colabora a esto y, además, dentro de las casas hay calefacción, humedad y animales, lo que para ellos es como vivir en un verano permanente”, señala.

A esto se suma que las mascotas pasan gran parte del tiempo dentro del hogar. “Los huevos quedan en el ambiente, en sillones, camas, alfombras o rincones de la casa. Al haber calor y alimento, el ciclo se mantiene durante todo el año”, detalla.

Cómo afectan a la salud de perros y gatos

La presencia de pulgas y garrapatas impacta directamente en la calidad de vida de las mascotas. Más allá de la picazón y las lesiones en la piel, estos parásitos se alimentan de sangre y pueden generar cuadros más complejos.

Guevara advierte que no existe un grupo libre de riesgo. “Afectan a todos los animales por igual: cachorros, adultos, viejitos, enfermos o inmunocomprometidos”. En infestaciones sostenidas pueden aparecer anemias, infecciones secundarias y enfermedades transmitidas por los propios ectoparásitos.

Entre las patologías más frecuentes se encuentran la ehrlichiosis, transmitida por garrapatas; y el dipylidium, una parasitosis asociada a las pulgas, que requiere diagnóstico y tratamiento veterinario.

Un riesgo que también alcanza a las personas

El problema no se limita a los animales. Algunas enfermedades pueden afectar a las personas que conviven con mascotas infestadas. En ese contexto, los niños resultan el grupo más expuesto.

Según explica la veterinaria, el riesgo se vincula tanto a una cuestión inmunológica como a los hábitos cotidianos. “Los huevos pueden quedar debajo de las uñas después de acariciar al animal. Si no hay un lavado de manos adecuado, existe la posibilidad de que terminen llevándoselos a la boca”, advierte, y remarca la importancia de reforzar las medidas de higiene en el hogar.

Métodos de cuidado y prevención

Para prevenir pulgas y garrapatas existen diferentes alternativas, cuya elección depende del tipo de mascota, su edad, su estado de salud y el entorno en el que vive. “Todos los productos son efectivos, pero la clave está en elegir el tratamiento adecuado para cada paciente y sostenerlo en el tiempo”, remarca la profesional.

En animales que conviven dentro de la casa y mantienen contacto estrecho con las personas, especialmente en hogares con niños o adultos mayores, Guevara señala que suelen indicarse comprimidos. “Nos dan la seguridad de que la medicación va a actuar durante 30 o incluso 90 días, según la presentación”, explica.

Estos comprimidos eliminan pulgas y garrapatas al alimentarse del animal, aunque no actúan como repelentes. Por ese motivo, pueden combinarse con pipetas de uso externo, que se aplican de manera mensual y, en algunos casos, también repelen insectos. “Si el animal va a salir de paseo o a un lugar con mayor exposición, se puede sumar una pipeta sin problemas”, indica.

Los collares, en tanto, liberan una sustancia que genera una especie de nube alrededor del cuello del animal, responsable del efecto repelente y antiparasitario durante varios meses. Debido a que ese compuesto también puede ser inhalado por las personas que están en contacto estrecho, se recomienda principalmente para perros que viven en patios, fincas o espacios abiertos.

El ambiente, una parte clave del control

Además del tratamiento en el animal, el control del ambiente resulta fundamental para cortar el ciclo de reproducción. La limpieza frecuente de los espacios donde descansan las mascotas reduce la presencia de huevos y formas juveniles de pulgas y garrapatas, que muchas veces pasan desapercibidas.

La prevención sostenida, el asesoramiento veterinario y la higiene del hogar se presentan como las principales herramientas para evitar que estos ectoparásitos se conviertan en un problema recurrente tanto para las mascotas como para las personas.