“Arroz con leche, me quiero casar, con una señorita de San Nicolás. Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar”. ¡Quién no recuerda haber cantado esta canción en su infancia!
A la distancia, se podría analizar esta letra como una expresión en donde el rol de la mujer quedaba netamente “encasillado” al de ama de casa, esposa y madre. Pero, ¿qué ha pasado en las últimas décadas con esta protagonista de aquella canción infantil? Hoy podemos llamar a esta “señorita de San Nicolás” de otra forma: mujer Alfa.

Se define como “Alfa” al individuo que, en una comunidad conformada por animales sociales, tiene el más alto rango. Así, esta definición se traslada al cambio en los roles sociales que la mujer ha tenido en las últimas décadas llevando este término, por extensión, a crear el término “Mujer Alfa”.
“La revolución de las mujeres ha constituido uno de los fenómenos más importantes del siglo pasado de cuyos resultados somos testigo: mujeres que tienen derecho a voto, a participar en la vida política e inclusive de ser presidente de naciones; que acceden a la universidad, trabajan, ganan su propio dinero, ocupan altos cargos y son sostenedoras económicas del hogar; que pueden prevenir embarazos no deseados, decidir si quieren o no casarse y/o ser madres, que mantienen relaciones sexuales por placer y hacen valer su derecho al goce”, explica la psicóloga y sexóloga Constanza del Rosario.

Por supuesto, los resultados de esta revolución ha cambiado no solo la realidad femenina sino que ha repercutido fuertemente en el modo de ser de muchos hombres llegando a poner “en jaque” los roles de cada quién al interior de la pareja, ya que en ese impulso por salir del rol tradicional que confinaba a la mujer al hogar, a la maternidad y a la dependencia emocional y económica, en aras de su desarrollo como personas autónomas y como profesionales, se ha ido lentamente forjando un movimiento de ellos en el sentido opuesto al que se posicionaban.
“Así varios hombres se han ido desmarcando del modelo tradicional del “macho” duro y frío y se han visto impulsando a volverse más emocionales, dirigir su interés y energía a trabajar por el bienestar de sus relaciones, participar activamente de la crianza, valorar y colaborar en el mundo privado del hogar e inclusive mostrarse no sólo dispuestos sino que motivados a buscar ayuda profesional para ser mejores personas y parejas”, apunta la profesional.
A partir de este nuevo escenario vincular entre hombre y mujer, surgen dos “nuevas” formas de ser que eran impensables siglos atrás: las mujeres Alfa y los hombres Beta.

¿Qué se entiende por mujer Alfa y hombre Beta?
En el caso de los seres humanos quien sea Alfa goza de una posición de liderazgo social mientras que un Beta tiene un rol de seguidor o de segundo al mando. Entre los seres humanos, se le ha llamado mujer Alfa a todas aquellas que presentan características tales como independencia, mujeres conectadas con su deseo, que se hacen respetar, que buscan su desarrollo personal y no construyen su vida ni su autoestima a partir de una relación. Son mujeres atractivas, sexualmente desinhibidas, decididas, confiadas, claras, fuertes y laboralmente exitosas; algo así como el estereotipo de las protagonistas de Sex and the City.

Por su parte, los hombres Beta son aquellos hombres que no tienen problema en realizar tareas típicamente femeninas (como criar, cocinar, lavar, etc) ni les complica permanecer en un segundo plano mientras su mujer brilla. Estos hombres, pese a tener una profesión, no les es están importante el éxito profesional o enriquecerse como tener una vida de pareja y de familia de calidad; se encuentran más conectado con sus sentimientos, se conocen más a sí mismos y son más empáticos, comprometidos, colaboradores y fieles que el hombre tradicional. En definitiva, las Alfa son mujeres que han ido desarrollando su faceta más “masculina” o activa y los Betas hombres que han ido potenciando su lado “femenino” o contenedor.
“En una era que nos presenta el desafío de ser seres más integrales e igualitarios para poder sacar adelante un proyecto de familia y de pareja sustentable en el tiempo, estas Alfas y estos Betas se están viendo enfrentados al problema de que nos sólo desplegar cualidades que hasta ahora habían sido definidas como propias del sexo opuesto, sino que es vital el que logren rescatar y preservar lo que por generaciones ha sido definido como la “esencia” de su propio género de modo que sean mujeres empoderadas pero delicadas y cariñosas; hombres contenedores pero proactivos y firmes”, amplía Constanza del Rosario.

Sin embargo, el contexto en el que surgen estos nuevos roles aún se enfrenta a una realidad en la cual, si bien hay un aumento de un discurso más progresista, por así decirlo, aún le cuesta desapegarse de los modelos tradicionales de masculinidad y feminidad, no acostumbrándose muchas veces a que las mujeres “lleven la batuta” tanto en la economía de un hogar como en la cama, que aun mira con ojos devaluadores a un hombre que sea fan de su mujer y observan con estupefacción que él haga de “amo de casa”.
“Frente a ello, muchas respuestas como por ejemplo, aquellas mujeres que mienten sobre su trabajo o cuánto ganan para no espantar a los candidatos, que sienten que su iniciativa y desinhibición sexual es malinterpretada, que creen que intimidan a los hombres con su actitud auténtica, franca y directa, que cuando se niegan a hacer algo que no desean son catalogadas de “mala onda”, que quieren un partner pero tropiezan una y otra vez con hombres inseguros o dominantes, entre otras muchas situaciones más. En tanto que en el caso de los hombres vemos algunos que no se sienten cómodos con interpretar el rol del indiferente-devora mujeres, que desean ser valorados por su preocupación por los vínculos y no por el tamaño de su billetera, que sienten que tratar bien a una mujer les resulta a ellas poco excitante, que consideran que su actitud empática los hace caer fácilmente en la categoría de amigos, que les encantaría tener la posibilidad de ser el que se encarga del hogar y la crianza sin ser juzgado por no cumplir con “su deber” de proveedor, que se aterran con la idea de que su sensibilidad los lleve a ser catalogados como poco viriles, etc”.

Sin embargo, el error de muchas mujeres Alfa es creer que deben emparejarse con un hombre Alfa, si bien no es imposible, y por supuesto que hay excepciones, dos Alfas tienden a competir entre sí por el poder y la dominación, ésta relación entre dos Alfas puede ser emocionante, pero no suele ser satisfactoria para ninguno.
Más allá del rol que ocupe un hombre y una mujer, lo importante es poder crear un vínculo entre ambos en donde el amor y el respeto sean la base, tanto para uno mismo como para con el otro…¡sin importar la letra del alfabeto griego en el que te quieras rotular!
