Hace algunos meses, la Suprema Corte de la Nación recomendó al Congreso tratara el tema de la movilidad de los haberes jubilatorios, para que se termine con los juicios por ajustes de dichos haberes y así recuperen la movilidad automática que existía antes de la reforma producida por el dúo Menem-Cavallo. El fundamento que la Corte esgrimía era que no podían ellos fijar porcentajes de ajustes por ser obligación del Congreso el hacerlo a través de una ley.
En ese momento, se habló de la urgencia de tratarlo, ya que, en la misma resolución, la Corte lo aconsejaba. Así fue como aparecieron varios proyectos, tanto de legisladores oficialistas como de otras bancadas de la oposición. En general existían muchas coincidencias en los mismos y hasta se habló de la posibilidad de tratarlos antes que terminara el 2006.
El Gobierno, que no había hecho mayores objeciones al requerimiento de la Corte, congeló con mucha diplomacia la cuestión, dando un aumento inmediato y otro a futuro. Hoy comienzan a discutirse las paritarias y, como consecuencia, habrá aumentos para los trabajadores activos.
Otra vez los jubilados carecemos de la ley que nos permitiría el ajuste automático como corresponde y nos evitaría tener que esperar a que el señor Presidente nos quiera dar aumento. Es importante aclarar que no nos confunden con los últimos aumentos otorgados, nada tienen que ver con la ley reclamada, que no es otra cosa que fijar un porcentaje a percibir sobre el salario del activo,el cual se desempeña en la función que tenía el jubilado al dejar su trabajo.
Según el último proyecto del Gobierno, que contempla la reforma al sistema previsional y que es de público conocimiento, tiene una “urgencia electoral” y será tratado en las extraordinarias del Congreso. ¿Acaso la ley recomendada por la Suprema Corte no tiene la misma urgencia? ¿O es que el Gobierno “cosecha” más rédito con la otra?
Tenemos legisladores que nos representan en el Congreso, algunos de ellos con “pretensiones” electorales, ya sea para la gobernación o para seguir en carrera. ¿Qué dicen al respecto? ¿No sería bueno que les exigiéramos rendición de cuentas, para que, de una vez por todas, cuando lleguen a Buenos Aires, no se olviden del pueblo que los eligió?
