Hace un tiempo le preguntaron a un músico amigo por qué creía que los Beatles habían sido tan determinantes en la historia de la música popular. El respondió: “Porque todo lo que hicieron lo hicieron cuando no existían los Beatles.”
Desde entonces, me gusta detenerme a pensar quiénes son los Beatles de cada campo profesional; esos pioneros cuya obra tal vez haya sido superada, pero que fueron en definitiva los que marcaron el camino a seguir. Los que hicieron posible todo.
Kevyn Aucoin es para mí el Beatle del maquillaje. Sus libros “Face Forward” y “Making Faces”, publicados en los 90, siguen siendo referencias indiscutidas en el tema, más allá de algunas desactualizaciones lógicas. Kevyn experimentó a fondo con la capacidad transformadora del maquillaje y nos regaló imágenes vanguardistas e inolvidables. Pero su legado fundamental, creo yo, es otro.

En 1993, Revlon, por entonces un gigante en decadencia, contrató a Kevyn Aucoin como director artístico de Ultima II, su línea de maquillaje de alta gama. La maniobra era en realidad un intento desesperado por salvar de la quiebra a una división de la empresa que jamás había encontrado su lugar en el mercado. Kevyn imaginó entonces una colección absolutamente revolucionaria para la época: The Nakeds (Los Desnudos). Una línea de productos basados en el tono natural de la piel y cuyo objetivo principal era simplemente realzar la belleza de cada mujer. El slogan era sencillo y contundente: “Sé vos misma, pero mejor”. Hasta entonces, el maquillaje equivalía a un gesto casi teatral. ¿Recuerdan a Joan Collins? Bueno, eso. Hasta las bases tenían un matiz rosado para crear un cutis de muñeca de porcelana, lustroso y completamente artificial. El maquillaje de los años 80 en particular era fuerte y agresivo, como se esperaba que fuera la mujer que quería abrirse paso en el competitivo y masculino mundo profesional. Pero la colección de Kevyn Aucoin para Ultima II fue, sin embargo, un gran éxito. Y el comienzo de una pequeña revolución. Las mujeres ya no necesitaban transformarse para dar la imagen que se esperaba de ellas. La personalidad y la singularidad eran lo importante y lo único que hacía falta resaltar. La personalidad y la singularidad de cada una eran más que suficientes para brillar.
Esa es la idea de belleza que me interesa explorar. La que tengo presente cuando testeo productos o busco trucos para verme mejor. La de saber que el espejo refleja quiénes somos y cómo nos sentimos. La de jugar a transformarnos sólo si tenemos ganas. La de cuidarnos sin imposiciones, sin sufrimientos, sin presiones, para ser en todo sentido la mejor versión de nosotras mismas. Y sobre todo, la de divertirnos. Los pelos parados pueden convertirse en tu marca registrada. Se puede usar rubor rosa sin quedar como Heidi. Se puede lograr un delineado años ’50 a las siete de la mañana sin sacarse un ojo. ¿Funcionan los famosos secretos de belleza de la abuela? Este blog promete embadurnarse de comestibles y aceites naturales para contarte toda la verdad.

Aplicar pequeños trucos para vernos bien es fácil, y para jugar con el color no hace falta ser una maquilladora experta. ¿Te sentís mascarita usando base? Olvidate de pinceles y esponjitas y aplicala masajeando con los dedos, como cuando te colocás una crema. Unifica el tono y queda súper natural. ¿Querés el tono de labial que nadie más va a tener para una salida especial? ¡Animate a mezclar rouge rojo y gloss verde! Queda espectacular y juro que no parecés un reptil. Si no conseguís el gloss fabricalo vos misma mezclando uno transparente con sombra o pigmento y aplicalo en pequeñas cantidades para que se funda con el labial.
Sentirnos bien, pasarla bien, divertirnos… A todo eso apuntan los consejos de esta columna.
