El cuerpo es un cuerpo natural, cuyos elementos básicos, sus sustancias, son de la naturaleza. Por esta razón, el ser humano debería vivir con la naturaleza y reconocer en todas sus formas la fuerza propulsora, la vida, el Espíritu. De este modo podría darse cuenta de que el Espíritu de Dios está más cerca de él que sus brazos y piernas. Si el ser humano se reconoce como una parte de la naturaleza, entonces se reconocerá también a sí mismo y comprenderá el efecto del Espíritu en la materia. Así, él también reconocerá que no es sólo un cuerpo, sino que en su cuerpo existe un cuerpo espiritual que vive en su interior y que el cuerpo material es sólo el vehículo de este ser espiritual interno.
El alma está encarnada para expiar en esta encarnación sus sombras o partes de las sombras, que son las cargas de las encarnaciones anteriores. Por esto, para el ser humano debería ser un mandamiento el mantener su cuerpo sano en base a alimentos de la naturaleza, por medio de pensamientos desinteresados y de una vida ordenada. Únete con cada órgano dándole las sustancias alimenticias necesarias que están contenidas en la naturaleza, en los frutos del campo y del bosque. Vivifica el alma y el cuerpo con pensamientos positivos y alcanza así la unidad con el Espíritu. Los órganos absorben las sustancias de la naturaleza si llevas una vida positiva y armoniosa.
