Puede resultar difícil de creer pero las primeras versiones de esta reconfortante y popular salsa denominada ketchup, que datan del siglo XVIII, no contenían tomate.
En realidad, estas primeras versiones se componían de una mezcla de anchoas, hongos diversos, nueces y algunos otros ingredientes. Los estudiosos afirman que la ketchup como tal, con tomate, no apareció hasta entrado el siglo XIX.
El origen de esta salsa amante de las papas fritas se remonta, dicen algunos, en la salsa china ketsiap, una salsa picante que se servía para acompañar pescados o carnes (y que tampoco tenía tomate) que importaban las colonias inglesas de las islas malayas.
Sin embargo, el ketchup como hoy lo conocemos, el de la era moderna digamos, la crea en Estados Unidos Henry J. Heinz, quien en 1876 le añade tomate y crea no sólo un imperio, sino una forma de comer, aunque nos cueste aceptarlo.
¿Hacer ketchup casero? Si, y verán que es una delicia. Viene muy bien para acompañar, por ejemplo, salchichas alemanas con papas fritas (al lado de una buena mostaza) y nos gusta también como condimento cuando de una fuente de mariscos se trata: ostiones, almejas y langostinos.
Ingredientes
1 litro de puré de tomate
250 ml de vinagre de sidra o de vino blanco
1 ajo y 1 echalote picados muy, muy finamente
3 filetes de anchoas
200 gr de azúcar
Sal y Pimienta generosa
1/4 de cucharadita de clavo de olor molido
Preparación
Todos los ingredientes se combinan en una cacerola amplia y se cocinan a fuego muy bajo, alrededor de una hora. Los filetes de anchoa se irán derritiendo y el sabor a vinagre va suavizándose con la cocción hasta que los sabores se integran y toman forma.
