¡Atención! Entrenar por la mañana tiene premio. Si sos de los que superan con facilidad la pereza y no se te “pegan las sábanas”, debés saber que el hecho de entrenar a primera hora de la mañana tiene muchas ventajas:
Te permite aprovechar más el día, y te deja el resto del día libre.
Te prepara cardiovascularmente para una mejor competencia, ya que la hora del entrenamiento se ajusta más a la de la competición. De este modo, el día de la competencia, te acordarás más de esforzarte y de subir pulsaciones a una hora temprana.
Muscularmente el cuerpo está más preparado para asumir las cargas de trabajo muscular. Como te has levantado de la cama, el tejido de tus músculos está más relajado y descargado.
Tus endorfinas estarán más activas a primera hora de la mañana. Podrás ir a trabajar más relajado, tras el entrenamiento y la ducha.
Si estás de vacaciones, y querés realizar un segundo entrenamiento a última hora del día, tendrás bastante margen horario de recuperación.
Si no trabajás a primera hora, podés hacer un entrenamiento completo (un rodaje largo, seguido de ejercicios de estiramientos, técnica de carrera).

Pero, para ser sinceros, no son todas ventajas en el hecho de entrenar a primera hora de la mañana. También tiene algún pequeño inconveniente…
Si querés realizar entrenamientos de calidad, cardiovascularmente tu cuerpo estará menos predispuesto a ello. A medida que avanza el día, el pulso se estabiliza más, y el sistema cardiovascular asume mejor la subida de tus latidos.
Si entrenás por la tarde, luego llegás a casa, cenás y te acostás; el cuerpo enseguida descansa. En cambio, si entrenás por la mañana y te vas a trabajar, “arrastrás” el cansancio todo el día.
En cualquier caso, es cierto aquel tópico entre los atletas de que la mejor hora para entrenar es… ¡aquella que tenés libre!
