Comer o beber demasiado tarde: si esperás a tener sed o hambre será demasiado tarde. Si es hambre, es porque has agotado tus reservas de glucógeno, ocuparás grasas e irás más despacio. Si es sed estás deshidratado. La señal de sed que envía tu cuerpo es tardía y una vez alcanzada es difícil de solucionar.
Bebe unos cuantos sorbos de agua cada 15 minutos y come frutas, geles o barritas por hora.
Entrenar muy fuerte cuando estás con bajas defensas o enfermo: ¿Entreno menos aunque esté enfermo, así no pierdo mucho la forma, o paro y me curo? La decisión es tuya.
Ante enfermedades o lesiones graves no hay duda, ¡PARAR! Más cuestionables son los trastornos leves como resfrío o pequeñas molestias. En este caso podés probar a salir suave y ver qué sensaciones tenés. Si teenés buenas sensaciones seguí adelante pero con mucha precaución, y si son malas, regresá a casa.
Tener actitud negativa: todos tenemos momentos en que nos sentimos los reyes del mundo y otros en que el pesimismo nos puede. Durante esa mala racha no tienes más remedio que dejarla pasar sin descuidar tu entrenamiento y de la manera más positiva posible. Aprendé a superar.
Recordá tu objetivo, trata de que no interfieran tus asuntos personales o laborales, con tu entrenamiento. Modificá tu plan de entrenamiento para que éste no suponga un factor de estrés extra, sino todo lo contrario, un momento de desahogo.
