Las vitrinas solían destinarse a la exhibición de objetos frágiles y valiosos que no se usaban a diario: porcelana, vajilla, joyas, libros antiguos. Cerrado y acristalado, este mueble preservaba los objetos del polvo y los alejaba del alcance de manos poco cuidadosas. Antiguamente, completaba el juego del comedor o tomaba protagonismo en alguna parte del living. En su interior se destacaba e iluminaba los objetos más preciados, promoviendo el famoso “se mira y no se toca”.
En la cocina, quedan muy lindos para guardar la vajilla. Como verán, los hay de varios estilos. Suelen tener forma vertical y se fabrican en madera de diversas clases (teca, pino, etc.). Importante: para usarlas, debemos tratar de ser más ordenados que de costumbre! En la mayoría de los casos predomina el cristal, tanto en el frente como en los laterales, por lo que se nota mucho el desorden.

En el baño, la vitrina es un elemento decorativo, que a su vez, nos permite guardar las toallas blancas de manera ordenada. Además, podemos exhibir frascos de perfume, jabones o velas. Me gusta cómo quedan pintados de color pastel, logrando la armonía adecuada con los azulejos blancos.

Como verán, podemos utilizar la vitrina en el living como mueble-bar ocasional. Quedan divertidas las copas y botellas a la vista. También pueden transformarse en preciadas bibliotecas, cuidando nuestros libros del polvo.

Una vitrina transformada en placard ¿qué les parece esta idea? Como dijimos antes, los placares no siempre abundan en casa. Es por eso que una linda vitrina puede ser una excelente alternativa para albergar nuestras queridas prendas! Para quienes son fanáticos de los zapatos, pueden exhibirlos como joyas. Miren cómo quedan….

A mi me gustó tanto la idea anterior, que me animé a pintar la vitrina que rescaté de lo de mi abuela. Miren como le agregué al costado unos ganchos curvos para colgar mis amados pañuelos. ¿Qué les parece? Se animan a usar la vitrina en algún rincón de sus casas? ¿En cuál?

