No sé si alguna vez les ha pasado de quedarse pegados con una palabra. A mí suele sucederme. Aparece de pronto por mi mente una idea y allí queda, se pasea hasta que logro desenmarañar esa madeja, ese hilo que lleva hasta el entendimiento. Y desde hace un tiempo, que por mi cabeza anda meciéndose una palabra concreta “esencial”, y ese concepto se me hace una idea fresca y etérea.

Y no es casual que esa palabra esté dando vueltas por mi cabeza mientras escribo de este restaurante. Conozco a sus dueños desde hace muchísimos años, y comparto su visión en muchas cosas, son buena gente y hacen las cosas bien. Pero no escribo por eso, lo que me motiva a escribir sobre El Mercadito va más allá de amistades.

 

Cuando abrieron hace 5 años pude ver que sería un éxito, no porque tenga una bola de cristal, sino porque tenía algo que poca gente entendía: tenía alma, tenía ganas y tenía ideas. Eran tres socios, ninguno cocinero, y encima venían de una experiencia mala. Se levantaron y lo volvieron a intentar. El éxito tampoco es tonto, sabe muy bien a donde ubicarse…

Arrancaron compartiendo una casa con un amigo, con una carta llena de guiños, de ideas que en Mendoza no se hacían. Armaron un lugarcito que te hacía sentir de viaje, te sentabas en ese patio pintado por la Fede del Olmo y tomabas jugos recién hechos, escuchabas la misma música que estaba de moda en Paris, y viajabas con tu mente, y encima con precios lógicos. Un golazo. A veces la clave no es tener una idea extraña y novedosa, sino tener una idea hermosa y fácil de comprender.

Y así fueron creciendo, y se instalaron en un mercado complejo que hoy te ama y mañana te desprecia. Y pasaron cinco años y la gente lo sigue queriendo. Cuando pienso en donde puedo almorzar rico, sano y a precio normal, no se me ocurren muchas más opciones que el Mercadito. Apenas sale el sol sueño con el deck de Chacras, en un almuerzo con amigas, risas y comida fresca. La promesa es clara y por eso uno no se decepciona: fresco y amigable. Tan lejos de los divismos y los altos gorros que de hecho pocas personas saben quién es el chef de este lugar. Y es lógico que no se sepa, porque esto es el resultado de un trabajo en equipo.

Ayer fui y comí un brunch, que está todos los días: huevos revueltos y salmón ahumado, frutas y jugo de pomelo y frutillas. Impecable. Y cada vez que voy, que son muchas, siempre me atienden bien, sé que la comida es fresca, que los jugos son exquisitos y que es un lugar donde puedo encontrar paz, risas y amigos. No voy esperando encontrar alta cocina, pero sí buena y auténtica comida.

Y pienso… así como uno crece, los conceptos crecen y se fortalecen. Y esos 3 socios fueron jugando y luego fueron 5, y hacen que el equipo se luzca en cada proyecto nuevo que inician. Chapeau por ustedes por hacer que Mendoza tenga lugarcitos lindos, comida sana y rica y buenos precios.

Si no has ido nunca, podés ir al del centro: Arístides y Granaderos o si el día está soleado es imperdible el de Chacras, en Viamonte 4961.

La gran sorpresa fue conocer a Flavia, su chef.

Esta es ella:

Flavia Amad Di Leo está a punto de cumplir sus 32 años, pero si uno mira su CV pensaría que es alguien mucho mayor. 

Con una vida trazada por aviones y viajes, esta mendocina que vivió en Buenos Aires, hizo un intercambio en Inglaterra y un postgrado en Le Cordon Blue de Miami tiene mucho para dar. 

Su vocación vino heredada del amor extraordinario a su abuela y su cocina. Se formó en Islas Malvinas, luego cursó una licenciatura en la Universidad del Aconcagua, para instalarse en EEUU, donde culminó su formación con el lazo azul de la excelencia. Trabajó unos años en New York, en restaurantes tales como 5th Nine en Meat Packing District, Baltazhar en Soho y Minetta Tavern en el West Village, codo a codo de grandes chefs como Daniel Parrilla , Riad Nasr, Lee Hanson y Johnny Iuzzini entre otros.

A su regreso a Mendoza, analizando las propuestas empezó a trabajar junto a Jesús Cahiza Gerente de Restaurante hasta llegar a ser Gerente de AA&BB de la empresa. Luego de varios años y con la sensación de trabajo cumplido, se incorporó a este equipo, compuesto por 5 socios donde se desempeña como gerente. Vale destacar que no sólo es El Mercadito, también incluye Taverna, Barijho, Fellows y Maleante Wines. Conjuntamente con Fernando Masip, el chef ejecutivo de la empresa han desarrollado estilos y tendencias y su camino seguirá alegrándonos la ciudad. Mención especial para Melisa Arriagada dirigiendo la cocina de Aristides. 

 

Y estas son sus respuestas:

La mejor rotisería de Mendoza es: Rotisería Francia de Godoy Cruz por sus empanadas y canelones de choclo.

Un vino para sodear en ojotas en verano: Canciller Malbec.

Un vino para enamorar sería: Un vino del que yo me enamore Animal Pinot Noir de Ernesto Catena.  Uno para una situación romántica el espumante Lagarde Dolce.

El mejor delivery de Mendoza: mmmmm…. No tengo no soy muy fan de los delivery.

El mejor lugar para tomarse un café: Brod en Chile entre Montevideo y San Lorenzo.

Momento de gula rima con: queso y jugo de uva…jajaja

Lo mejor que comí en mi vida: la comida de mi Abuela Martha sobre todo sus pastas NO HAY PERSONA QUE COCINE COMO ELLA LO HACIA.

Lo peor: Un intento de soupe l ‘oignon que comí en un resto en Chile.  Amo la sopa francesa de cebolla gratinada con queso, cuando vi eso en la carta lo pedí y fue una de mis desilusiones gastronómicas más grandes que tuve.

Los lomos son de Papito no se hable más. 

¿Qué vino pido en un bar/ restaurante si tengo $100/$150? Si no me equivoco fueron 150 en Azafrán un vino de autor que me recomendó el sommelier que se llama FANTASTICO, muy buen vino fue la primera vez que lo tome y lo súper recomiendo.

Lo que mejor cocino es: Parmegiana!!!

Te quito el saludo si le pones a la comida MAYONESA A TODO, O SAL, SIN ANTES PROBAR.

Lo mejor que uno puede hacer con un vino malo …muy malo vinagre …uno más o menos usarlo para cocinar.

El mejor personaje con el que compartí un vino: Fernando Masip  una persona muy singular con una visión de la vida y de la gastronomía muy particular.

Soy capaz de hacer 11491 km para comer un sandwhich de baguette recién horneada y los mejores quesos y fiambre de parís y sentarme a comerlo en un banquito del paseo del rio Sena.

El producto mendocino por excelencia es: VINO SIN DUDA!!!