Del bife de chorizo al vacío y del asado al matambrito, en el país de la parrilla la mayoría de nosotros apenas conoce y consume un puñado de cortes cárnicos. Los argentinos, que en promedio ingerimos unos 60 kilos de carne al año, creemos que se habla de un plato peruano cuando alguien menciona a la marucha o el azotillo, o nos quedamos con la boca abierta si se refiere al cordón de lomo o la riñonada. ¿Acaso la vaca tiene más carne que las costillas?

Lo cierto es que en la media res que llega a la carnicería hay muchas variantes que se desaprovechan y van a parar a carne picada por que la gente no las conoce. Mientras que la Junta Nacional de Carnes estipula cuáles son los cortes autorizados –y fija también los topes de precio– el carnicero tiene margen para crear y sacarle provecho a la vaca, siempre y cuando sea creativo a la hora de convencer al cliente. 

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