Lo que nació como un experimento bizarro en redes sociales se transformó en un adictivo consumo de la gente. Las llamadas “frutinovelas” —historias protagonizadas por frutas humanizadas mediante inteligencia artificial— ya acumulan millones de reproducciones y abrieron un debate sobre los límites del entretenimiento digital.
El fenómeno no es menor. Estas producciones, creadas íntegramente con herramientas de inteligencia artificial, lograron cifras que envidiaría cualquier creador de contenido. Solo en una semana, alcanzaron las 30 millones de vistas en TikTok.

De la parodia al algoritmo
La receta es simple pero efectiva. Las tramas retoman los ingredientes de toda buena novela dramática: infidelidades, hijos ocultos y traiciones entre amigas. Sin embargo, el uso de la tecnología permite giros que la televisión tradicional no podría costear ni permitir.
De acuerdo con diversos analistas de cultura digital, el origen se remonta a una versión paródica del reality estadounidense Love Island, donde los participantes fueron reemplazados por frutas. La idea escaló rápido gracias a la accesibilidad de herramientas como Veo o Dream Machine, que permiten generar videos en minutos.
En el plano local, el fenómeno tocó incluso a la farándula. Ante los rumores de conflicto entre Tini Stoessel y Emilia Mernes, los usuarios crearon relatos protagonizados por Fresmilia y Durastini, versiones frutales de las artistas que incluyen a otros personajes como Dukiwi (por Duki) o Pantonella (en referencia a Antonela Roccuzzo).
Un espejo polémico
A pesar del tono humorístico, el formato despertó críticas por el contenido de sus guiones. Al ser producciones que escaparon a los controles de los medios masivos, mostraron situaciones de violencia o roles altamente sexualizados.
Muchos de estos videos presentaron frutas asociadas a estereotipos de género o escenas de misoginia que no pasarían el filtro de una plataforma de streaming convencional. Al mismo tiempo, la facilidad para generar estas imágenes instaló una alerta sobre la desinformación: las mismas herramientas que hoy crearon una banana infiel se utilizaron para fabricar imágenes falsas sobre conflictos bélicos internacionales.
Lo que hoy empezó como un simple video de TikTok que lleva a pensar que todas las frutas pueden ser infieles, advirtieron los especialistas, puede terminar en la generación de otro tipo de imágenes mucho más peligrosas para la opinión pública.
