Bolivia cuenta con una de las maravillas del mundo que desborda en los límites de la ilusión óptica: El salar de Uyuni, el desierto de sal continuo más grande del mundo. Hace 40 mil años, esta concentración de minerales solía ser un lago. Hoy en día, el prehistórico salar se ha vuelto un destino turístico casi mágico, con más de 60 mil turistas visitándolo cada año.

Entre las razones para visitarlo están: los hoteles más extravagantes del mundo, construídos con bloques de sal, la cría de tres especies de flamencos, cactus de hasta 10 metros de altura y las momias de más de 3,000 años de antigüedad. Pero la razón principal es, simplemente, que el terreno es tan plano que el salar boliviano se convierte en las épocas de lluvia en un espejo gigante de 10, 582 km², lo que hace del desierto un lago de poca profundidad, formando un espectáculo visual donde el cielo y la tierra convergen, convirtiéndose en uno mismo.

 
 

De noche, las estrellas bajan del cielo al suelo, reflejadas en el espejo del salar. El horizonte se convierte en un domo gigante, donde las estelas de luz rodean a quien tenga la suficiente suerte para admirar el espectáculo.

 

Para llegar al salar desde Sucre, la capital boliviana, puede tomarse un colectivo de 12 horas, u otro colectivo de 3 horas y un ferrocarril de 7 horas. También existen tours especiales de diferentes duraciones, para acomodarse a los tiempos y presupuestos de cualquier viajero. A pesar de la larga travesía, el viaje definitivamente vale la pena.

 

¡¿Qué estás esperando para ir a conocerlo?!